mayo 4, 2014
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El culto de los pueblos indígenas

Etsa, Iwia, Pachamama, Alaxpacha, son solo algunos de los nombres de las fuerzas de la naturaleza que atesora la milenaria tradición de cultos indígenas. Existen numerosas maneras de denominar a las deidades, muchas de estas similares, en función de la zona geográfica. Sin embargo, aparecen elementos comunes como la vinculación a la naturaleza y al poder del Universo.
En el credo indígena no podemos hablar de deidades antropomórficas como en las religiones monoteístas. Tampoco son criaturas a “nuestra imagen y semejanza”, como preconiza el cristianismo.
La mitología y el animismo (culto al alma o espíritu de los elementos como lo puede ser el aire, una montaña o un río) son los elementos que vertebran sus creencias.
Respeto a la naturaleza


“En los principios básicos de las creencias indígenas se encuentra la armonía con la naturaleza. En nuestra literatura abunda el diálogo con los elementos de la naturaleza. Cada uno de ellos dispone de su sacralidad o nosotros los veneramos y respetamos”, recuerda Ariruma Kowii, director del Área de Letras de la Universidad Andina y experto en cultura kichwa.
Otro de los elementos característicos es el de la ofrenda. Es una ceremonia en la que se le ofrenda a los espíritus (no entendidos como formas humanas, sino como energías que habitan en la naturaleza) regalos que vienen acompañados de cantos y plegarias.
“El cuy, los plátanos o el ají son algunos de los elementos rituales que se ofrecen a la madre tierra. Es un regalo como muestra de agradecimiento por todo lo que nos ofrece”, añade Kowii.
El equilibrio también es otro de los elementos claves en su cosmovisión. La ofrenda también está relacionada con el orden cósmico. “Los humanos a veces explotamos mucho la tierra, que se cansa, por eso también le damos ofrendas a la tierra, Pachamama, para que se recupere. En los pueblos indígenas, existe la idea de que solo debemos coger de ella lo necesario, nada más. Forma parte del equilibrio”, sentencia el profesor de la Universidad Andina.
Reencarnación
Por ejemplo en el mundo Shuar encontramos ciclos de vida repetitivos, a modo de reencarnaciones del espíritu. No consideran que el ser humano tenga un final. Tras la vida el espíritu al que llaman Arútam es recibido por otro ser humano.
Creen que luego de nacer y cumplir su vida, no llegan a un estado permanente con la muerte sino que su espíritu es recibido por otro ser humano que puede ser su hijo o su nieto, quien cumple nuevamente otro ciclo vital, y así en forma indefinida.
“La vida, como la naturaleza, nunca finaliza. Realizamos un retorno al origen, a la tierra madre para comenzar de nuevo. Es el ritmo de los ciclos. El espíritu que pertenece a un cuerpo queda libre y se reencarna en otro elemento, por eso respetamos y adoramos a todos los seres vivos, porque en ellos se encuentran los espíritus de nuestros ancestros”, recuerda el chamán Shagti Jimbo.

 

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