Crítica de Cine: Iron Man 3, el hábito hace o no hace al monje

iroman

Ser y parecer, o, ser sin parecer; he ahí el dilema al que Tony Stark se enfrenta esta vez en la piel de Iron Man 3. Y a este drama de tintes éticos y filosóficos; parece estar resumida la premisa argumental de la tercera versión de la saga de cómics de Marvel, para este superhéroe de hierro, que al igual que las veces anteriores continúa revestido del carisma, el humor ácido y la espectacularidad visual del efecto especial.

Iron Man (Robert Downey Jr.) vuelve a enfrentarse a las fuerzas del mal con su letal armadura. Esta vez, Ben Kingsley (La Invención de Hugo) da vida, majestuosamente, al Mandarín, el villano que destruirá el universo personal armamentístico y lujoso de Stark y colocará al hombre en la posición de tener que despojarse de sus armas para reconstruirse. Pero antes de afrontar esa decisión radical, el director Shane Black toma la mano de Stark y este la del público, para llevarlo en primera fila a un despliegue de tecnología, golpes de acero, mucho fuego, armas y una larga lista de etcéteras en la misma categoría. Esta vez, Stark debe salvar a Pepper (Gwyneth Paltrow), a su amigo James Rhodes (Don Cheadle) y a sí mismo.

La cinta cumple con creces respecto al apartado visual y las escenas de acción, ofreciéndonos en muchas ocasiones lo mejor de la saga. Sin embargo, en el guion no ha salido tan favorecido, proporcionándonos uno muy flojo en ocasiones. ¿Es por ello una mala cinta? No, en absoluto, Iron Man 3 es, posiblemente, la mejor película de la saga. Pero en esta ocasión, la publicidad nos ha traído: Mucho ruido y bastantes nueces, pero no las suficientes.

Deja un comentario