20% de los Asambleístas no tiene título universitario y 61% no posee maestría
A un mes de las inscripciones de candidatos para la nueva Asamblea, en octubre de 2020, nadie tenía definida su lista de aspirantes. Y la Izquierda Democrática, ahora el partido más golpeado por las acusaciones a sus legisladores, no fue la excepción. Debido a la falta de cuadros al interior de la organización, cabildearon con una lideresa comunitaria de discurso popular y gran apego a las masas, que tenía influencia en el Guasmo y podía ganar la simpatía de votantes del Distrito 1 de Guayaquil.
Así, Bella Jiménez Torres encabezó la lista, consiguió los votos y llegó a ocupar la segunda vicepresidencia del nuevo Parlamento. La organización la acogió, aunque ella ni siquiera se afilió al partido y, en su récord político, registraba una candidatura en las seccionales de 2019 para concejal suplente, bajo la bandera de Alianza PAÍS. En 2014 también fue militante del Centro Democrático y apoyó a Jimmy Jairala. Obviamente, no tiene problemas en cambiarse de camiseta.
Pero la gloria le duró poco a Jiménez. Cuando se cumplían los primeros 100 días de la Asamblea Nacional, se filtró información que la comprometía con la gestión de cargos en entidades públicas y una transferencia bancaria también salpicó a su hijo. La legisladora lo negó todo.
Solo cuando explotó la bomba y la hemorragia era incontenible, los dirigentes de la ID dijeron que Jiménez se les había metido por la ventana y que no indagaron su pasado político. La separaron del partido y ofrecieron hacer una purga. “La verdad es que durante la campaña nunca pensamos que podría ganar”, dijo el presidente de la ID en Guayas, Carlos Ayora, quien fichó a Jiménez. Y en realidad puede que así fuera.
La ID, venida a menos en los últimos 15 años, solo logró dos escaños en la Asamblea de 2017. Antes de la campaña ni los analistas políticos imaginaban que la organización lograría 18 curules, gracias al arrastre de su candidato presidencial Xavier Hervas, quien también era un personaje ajeno al partido, pero ayudó a revivirlo de las cenizas.
Pero la ID no es la excepción. Casi todos los partidos carecen de estructuras internas para formar cuadros renovados y al final terminan con candidatos que tienen arrastre y posibilidades de ganar, sin importar su reputación. Hay sectores que también reclaman sobre la preparación de los legisladores. Un 20 por ciento de ellos no cuenta con título universitario y menos de la mitad tiene una maestría o especialización, según los registros de la Senescyt.
Como Bella Jiménez, hay al menos 35 asambleístas que han pasado por distintos partidos políticos, según las bases de datos del Consejo Nacional Electoral de los últimos 20 años. Otro de los casos paradigmáticos es el movimiento indígena y su asambleísta Ricardo Vanegas, quien al ser consultado en una entrevista por el significado de Pachakutik tuvo que reconocer que no sabía que el término hace alusión a renovación, cambio o transformación de la tierra.
Y es que Vanegas, abogado que ganó fama en el caso de la muerte de la cantante Sharon, fue candidato a diputado en 2002 por el extinto Partido Alfarismo Nacional; en 2009 corrió con el Movimiento Voz Ciudadana, y en 2013 se candidatizó por el PRE. Cobijado con el poncho del movimiento indígena logró una curul este 2021, según dijo, contagiado por el discurso ambientalista del presidenciable Yaku Pérez.
Vanegas no solo es reflejo de los camisetazos y la falta de cuadros en los partidos, sino también de la crisis de las organizaciones políticas y su disputa interna. Fue Vanegas, a nombre del movimiento indígena, quien impulsó el juicio político al exdefensor, Freddy Carrión. Pero la Conaie pidió votar en contra. Al final, el bloque se dividió. Al igual que la ID, Pachakutik no se imaginó verse como la segunda fuerza en la Asamblea Nacional con 28 curules, luego de que en 2017 alcanzó solo cinco escaños.
“Somos un país que vive una tragicomedia de partidos sin candidatos, de candidatos sin partidos, y de partidos y candidatos sin ideología”, dice el consultor político Pedro Donoso. Explica que el problema es la cultura política que está enraizada en estas prácticas que se han sucedido desde hace décadas y difícilmente cambiará.
Hasta el correísmo, con su nuevo nombre UNES y que se precia de tener una sólida militancia, tiene camiseteados. Por ejemplo, el asambleísta Humberto Alvarado fue vicealcalde de Quevedo con el partido AVANZA. Luisa González, de Manabí, fue anteriormente candidata a asambleísta alterna por el PSC. Así hay seis legisladores que han mutado en esta bancada.
Quizá el caso más representativo en las filas socialcristianas es Luis Almeida, quien empezó con este partido, pero luego se fue con Sociedad Patriótica en la época dorada de Lucio Gutiérrez y ahora vuelve a vestir los colores del PSC. También resalta Pedro Zapata que se cobijó con la bandera de Alianza PAÍS en 2014.
En el bloque oficialista, Francisco Jiménez, exgobernandor del Guayas, pasó de las filas de Ruptura a militar ahora en CREO. También está el legislador Luis Cervantes, por Imbabura, que pasó del Partido Socialista Ecuatoriano a formar filas ahora en la derecha.
Igual o peor son los casos de los partidos pequeños o independientes. Por ejemplo, de las dos curules que tiene AVANZA, Pedro Velasco, asambleísta por Carchi, estuvo con la ID y el correísmo en elecciones anteriores. Por otro lado, el único asambleísta de Democracia Sí, Virgilio Saquicela, quien además es el primer vicepresidente del Parlamento, ya se vistió anteriormente con los colores de Pachakutik y CREO. La lista es larga.
Fuente: Revista Vistazo
