abril 2, 2013
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Julio Iglesias, premiado por Guinness y China

Un incombustible Julio Iglesias recibió ayer en Pekín el trofeo Guinness Records al artista latino que más discos ha vendido en el mundo, premio con el que inaugura una gira asiática en la que, desde la próxima semana, estará acompañado de su mujer y sus hijos.

“Les traigo la semana que viene”, aseguró el cantante tras recibir su galardón de manos del prestigioso pianista chino Lang Lang, quien también lo condecoró como el artista que más discos ha vendido en China, donde dará tres conciertos: en Shanghái, Shenzen y Pekín.

Enfundado en un traje negro y con su eterno bronceado, el artista se refirió a su familia, a quien confesó “amar más que a sí mismo”, y se sonrojó al recordar haber defendido que el “secreto de la felicidad es la libertad”. “¿He dicho esas cosas yo? ¡Qué sinvergüenza!”, bromeó, pero reiteró que el “amor profundísimo es el que acepta la libertad. No se puede querer a nadie si no eres libre”.

Fiel a su esencia, el polifacético cantante no tuvo reparos en contestar que “sigue pecando”, pero admitió que “ya no tiene mucha gracia para mí… Antes tenía más, ahora ya no”.

A sus casi 70 años y con más de 300 millones de discos vendidos desde que entró en las listas de éxitos mundiales con temas como Gwendolyne, Julio Iglesias dejó claro que, aún, no piensa en bajarse de los escenarios. En la gira que el artista inicia ahora por el gigante asiático, su esposa e hijos viajarán acompañados de una profesora de chino, ya que el artista quiere que “los pequeños estudien mandarín”, idioma en el que él ha interpretado algún tema.

Es que el cantante asegura tener “una gran influencia asiática” en su vida, “no solo por mi primer matrimonio”, enfatiza, “sino por lo que aprendí de su cultura” después de vivir en Hong Kong en la década del setenta. “Es increíble el crecimiento de China. Ahora que veo el progreso, me doy cuenta de que fueron justas las ideas que tenía sobre el futuro de este país”, apunta, aunque nunca vaticinó a dónde llegaría él hoy, cuarenta años después.

“Recibir el premio de Lang Lang, un artistazo, es una cosa que nunca imaginé en mi vida. Me llena de satisfacción, porque yo quiero mucho a este país”, recalcó el cantante español. De sus palabras se infiere la pasión con la que se entrega al trabajo, algo que, asevera, “no ha disminuido” en su vida, lo que no le impide imponer cierta disciplina en su rutina.

“Si no la tuviera –añade–, no podría viajar a todos estos sitios”, dice cuando está a punto de iniciar un tour que lo llevará también hasta Corea del Sur, Singapur y Taiwán.

Aunque en principio se muestra reacio a hablar de lo que ocurre en España, argumentando que hacerlo “fuera tiene un cierto grado de complicación, porque parece que es muy fácil”, enseguida aborda el tema sin ambages. “No entiendo lo que está pasando. Un país que pinta bien, que escribe bien, que canta bien, no se merece familias enteras en paro”. Concluye que lo que necesita España es “una revolución personal”. “De todos los españoles en el alma”, insiste.

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