abril 9, 2014
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Dolor en familias de empleados que murieron tras ataque waorani

Estaba parada en la entrada de su casa de dos pisos. La puerta de metal forjado, con la pintura corroída, se entreabría cada vez que pasaba el viento. Los ojos de Rosa Quishpe, de 29 años, se posaban en sus dos hijos, quienes jugaban en la calle de tierra. Esta semana su hermano tenía que regresar del Oriente, pero el domingo le enterraron en el Cementerio de Ascázubi, parroquia El Quinche, en Quito.
Juan Carlos Quishpe, quien el 17 de abril hubiese cumplido 28 años, falleció el viernes después de que una familia de waoranis lo atacó. También murió Luis Arcenio Pinanjunta. Edwin Quishpe, de 23 años, está herido en un hospital de Orellana.
Juan Carlos estaba en Tiwino, Pastaza, terminando su doble jornada en un proyecto de alcantarillado y agua potable que implementaba Ecuador Estratégico. Decidió quedarse 44 días en la Amazonía para poder descansar dos semanas en su casa. Normalmente, permanecía 22 días en el trabajo y tenía siete libres. Rosa no recuerda desde hace cuánto tiempo estaba en ese trabajo.
Su abuelita, Rosa Márquez (70); su madre, Luisa Cadena (54); y sus hermanos, le esperaban para Semana Santa. Ahora, la puerta de su cuarto, en la parte de atrás de la vivienda de adobe y bloque, permanece cerrada.


El barrio

Los hermanos Quishpe y su compañero de trabajo vivían a alrededor de 100 metros de la plaza central de Ascázubi Alto. El polvo se levantó en la cancha donde Juan Carlos, el segundo hijo de siete y quien mantenía a su madre, su abuela y sus hermanos, jugaba de defensa en su equipo de fútbol, ‘Huracán’.
Julia, la dueña de una tienda cercana que de vez en cuando le vendía víveres para su casa o una cola o cerveza, que él compartía con sus amigos, recuerda que era apreciado en el barrio. “No eran enemigos de nadie, eran jefes de hogar”, dijo de los dos hombres que murieron.
Bajando por la calle de tierra se llega a la casa crema de la familia Quishpe. El ‘bebé’, como le decía su madre, decidió no casarse para aportar económicamente en su hogar. Cada vez que se quedaba en casa, jugaba ecuavoley y a ‘las cogidas’ con sus sobrinos. Desde que se graduó del colegio comenzó a trabajar. Primero, con su padre, quien falleció hace siete años, y después en otras obras y proyectos.
Cuando ingresó a Ecuador Estratégico, su hermana le veía contento. “Él decía que ayudaba a los indígenas porque no tenían nada, ni agua potable. Y, mire cómo le pagan”. A veces le mostraba fotos del lugar tomadas con su celular.

 

Fuente: La Hora

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